lunes 16 de noviembre de 2009

patrigarcadas patriarcales

(Sábado por la mañana. Confieso que me habían sacado de la cama engañada diciéndome que me llevaban a uno de mis lugares favoritos a desayunar . El reloj -implacable- no colaboró y debimos suspender el desayuno para ir directamente a buscar unos estantes que oficiarán a futuro de biblioteca. El breve excurso sirve para demostrar que:
a. un poco de mala onda yo traía
b. está pésimo sacarme sin desayunar
c. nada de todo esto justifica la pelotudez ajena)



Llegamos a la puerta del depósitos donde compraríamos los soportes y estantes de la futura biblioteca.
Von E. toca el timbre. Abre un hombre de unos cuarenta años, con algo de fofo y el aire característico y desagradable del idiota. Su rostro está lleno de proporciones equivocadas: orejas grandes, nariz un poco torcida, boca demasiado chica y demasiado carnosa. En una muñeca antigua, hubiera resultado aceptable; en semejante adefesio, inadmisible.

von E.: hola, yo hablé en la semana con Marcos y él me dijo que mi pedido estaría para hoy por la mañana.
idiota: ah, sí. Pero Marcos hoy no está...
von E.: sí, ya me lo había dicho. Pero me dijo que estaría (duda) ¿Marcelo?
idiota: Marcelo, exacto ¿pero no te dijo el buenmozo alto rubio de ojos azules?
von E.:(¡por diossss no le festejes lo que dice, si es un estúpido!) Sí, sí, me dijo que seguramente Marcelo me entregaría el pedido.
idiota: pasen, pasen...



Von E., caballerosa, me cede el paso. Cruzo frente al canchero, lo miro y le regalo un buenos días que debería atesorar como el oro del virrey. Pero los idiotas no miden beneficios. Ella al pasar lo saluda con otra sonrisa y un apretón de manos. Llegamos en dos pasos al depósito, entregan la mercadería. Hay una leve escaramuza entre el idiota y otro empleado sobre qué tipo de tornillos deberían ser usados y cómo. A pesar de lo apasionante de la conversación, me dedico a mirar para otro lado y así evitar el derroche de sapiencia en materia de tornillos que el idiota ofrece sin el menor pudor.
Se efectúa el pago, yo me dedico a juntar parte de las cosas y me cae la pregunta como un rayo:


idiota: ¿y vos cómo te llamás?
Fiamma: ¿Yo? Miss Fiamma
idiota: ¿y estás enojada que tenés esa cara? ¿O te pasó algo?
von E: no, lo que pasa es que salimos tarde (1) y no desayunamos (2)le baja la... y pone esa cara...

Fiamma: No me pasa nada con vos, es más, fui muy amable en el momento y manera de saludarte...

Cierro la conversación, mientras el idiota de turno se queda perplejo. Seguramente no entendió por qué a una clienta (que no sucumbe a sus encantos macarrónicos) le cae mal que se haga el Rodolfo Valentino y le pregunte su nombre y qué le pasa. Independientemente de que, a todo aquél que tenga cara de culo, le sucede algo y nada menos grato que un desconocido se dedique a indagar eso.

Lo que más me molestó es que si Von E. se hubiera presentado como la "clienta de ojos verdes que iba a pasar el sábado por la mañana", hubiera sido indiscutible que la tomaran por cualquier cosa. Ni qué decir que si hubiéramos sido dos varones, nunca se le hubiera ocurrido al idiota semejante versión del cuestionario de Proust.
Frente a un niño chiquito, cualquiera saldría con ¿cómo te llamás?¿estás enojado? ¿querés más a tu mamá o a tu papá? ¿cuántos deditos tenés? Me indignan profundamente la actitud de esos varones que se ponen frente a una mujer desde ese mismo espacio de poder y celebran la antiquísima impotentia muliebris: las mujeres son como niños. Los adultos son siempre varones.
Puaj.
He dicho.
(1) ¿de la cama?

(2) juntas, porque somo novias y habíamos quedado en ir a tomar café con leche a un lugar que a ella le gusta...

lunes 2 de noviembre de 2009

su sorpresa para mí

Buscó el mejor lugar para mí.

Pensó en darme una sorpresa.
Rogó que no lloviera demasiado.
Resolvió hacerme llevar la cámara.
Buscó la mejor ruta.
Ajustó el horario pero no dijo ni una sola palabra.
"Vos ya conocés todos los lugares".
Concedido. Pero este lo inauguramos juntas.



Y no llovió.
Nos dieron la mejor mesa.
Comimos delicioso, incluso cuando esos niños ajenos y ruidosos ( ¿diríamos lo mismo si fueran los propios?)
Y miramos (ambiciosas) los planos de Le Corbusier imaginando una casa próxima.
Hicimos fotos.
Ok, viviremos en una futura casa racionalista.
Ahí nomás comimos (está la mesa puesta en la foto), junto a la fuente, detrás de las Santa Ritas de la escalinata.
Y había rosas que reventaban en su color y rocío.
Y esas otras flores tan exóticas que parecen pájaros y yo desconozco.
Me pidió que lo recordara en el blog.
Y me tuvo abrazada durante todo el paseo.

Y la adoro y me hizo muy feliz.



lunes 19 de octubre de 2009

Revancha

A medida que el tiempo pasa, nos vamos conociendo en todas nuestras facetas, incluso las más íntimas y remotas. A lo largo de estos últimos meses hemos tenido insólitas conversaciones con Miss Fiamma acerca de la infancia y la adolescencia, aquellos años signados por el férreo convencimiento de haber salido de un repollo o de estar viviendo en una burbuja.

La vida es dura para la joven lesbiana en vías de desarrollo que, para peor, tiene ciertas "excentricidades". Lo raro de nuestras preferencias (que a nosotras, dicho sea de paso, nos resultaban perfectamente naturales) no eran las preferencias en sí mismas, desde luego, sino el hecho de estar tan a contrapelo de nuestro entorno familiar y social. Particularmente a nuestra temprana edad.

Hemos ido solas al cine por no tener quién nos acompañara a ver una retrospectiva de Bergman (nuestras compañeritas de colegio preferían jugar con sus Barbies), hemos rogado para que en un largo viaje en auto finalmente nos permitieran escuchar durante 15 (¡gloriosos!) minutos alguna estación de música clásica, no hemos tenido ganas de participar en el viaje de egresados (y no lo hemos hecho) por considerar todo ello una empresa aburrida, hemos elegido mil veces la compañía de un libro que la de una zopenca coetánea interesada en los bíceps de tal o cual actor, hemos amado el estudio (pero no mucho el colegio).

En fin, hemos tenido infancias difíciles, a veces tristes, muchas veces solitarias, casi siempre serias, con la seriedad que suelen tener los niños que maduran demasiado rápido. Es probable que también hayamos sido objeto de burlas a nuestras espaldas porque éramos, simple y sencillamente, diferentes.

Pero la vida tiene extraños mecanismos para balancear las cosas, para alcanzar ese equilibrio que sólo podría concebir como algo relativo a la justicia divina (si tal cosa existiera) o, más precisamente, a un desquite. Miss Fiamma y yo caminamos por el mismo sendero porque nos es conocido, porque podemos comprenderlo, porque nuestros pasos vienen desde muy lejos recorriendo este mismo camino, porque somos, desde mucho antes de conocernos, compañeras en este mundo.

"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos" (*).

Que esto sea cierto, he aquí nuestra inesperada y franca revancha.



(*) Rayuela, Julio Cortázar.

sábado 17 de octubre de 2009

De carne y hueso

(Canción para Clotilde)

Las personas sin importancia
opinan con arrogancia
que no es una artista
las personas taraditas
no saben nada, pobrecitas
son un plomo los soldaditos
que empuñan los bastoncitos
que pin que pun que pin que pan
a unos para el exilio
a otros al calabozo
uy qué miedo rima con pozo
los que se fueron
los que quedaron
los que rajaron
los que volvieron
las personas taraditas
no saben nada, pobrecitas
la señora es una artista
de carne y hueso
con más talento que los de plomo
con más aplomo que los de antes
una artista inconmensurable
los que salieron del huevito
los que asomaron el hociquito
saben bien que los otros
los que esconden el rabito
se tragaron un sapote
grandotote grandotote
la señora es una artista
de carne y hueso
los ratones comen queso
las verdades son así:
yo la quiero y ella a mí
la adoraba en su infancia
y las personas taraditas
no sabían nada, pobrecitas
cuestionaban con arrogancia
estos gustos extravagantes
menos mal que ahora
lo que digan no nos importa
somos grandes y elegimos
si como pan o si como torta
si sigo a pie o si voy en coche
gracias, muchas gracias
a todos por venir esta noche.

Gracias a vos, Nacha.

Nacha Guevara y Alberto Favero se presentan en La Trastienda desde el 15 de octubre. Im-per-di-ble.

lunes 12 de octubre de 2009

cuestiones ópticas


macro- f/4.0- blablablabla

La fotografía re-crea una imagen de lo que podríamos llamar realidad. Selecciono cuál será mi recorte del mundo. Compongo, decido cuál será el encuadre a tal fin. A veces la operación tiene el tiempo de un pestañeo (cambia, cambia el mundo, desaparee lo que merece ser retenido por la cámara- era luz-, se mueve-era un insecto-). Otras, tengo el gobierno de la situación y puedo ensayar y volver sobre mis decisiones. En este caso, las dos aceiteras (oliva y maíz, respectivamente) ni se mosquearon al ser tomadas antes de que comenzara formalmente nuestro almuerzo junto al río. Cayó mi foco sobre la parte superior de ellas, todo lo demás se desdibujó. Sólo una imagen, que preexistía, que tenía identidad propia se tarsforma en algo mío y personal. Sólo eso ocupó mi ojo. Sólo esa imagen vi en el mundo.
No de otra manera van las cosas en el amor.


(¿Respondida la pregunta?)

lunes 5 de octubre de 2009

Miss Fiamma unplugged

-Sobre la poesía (y citando a Don Julio):
"El soneto, pequeño feto
se destaca, pues huele a caca".

-Sobre la coiffure de Kylie Minogue durante un concierto grabado en vivo en Londres, 2008:
"¿Qué se puso en la cabeza? ¿Un aplique de vello púbico?"

-Durante el mismo concierto, Kylie desciende sobre el escenario montada en una gigantesca calavera metálica:
"¡Pero esto es el sueño del mono loco!"

-Miss Fiamma preparó una deliciosa brótola en papillote cubierta por completo con diferentes vegetales cortados en juliana. Abro el papel de aluminio y me dispongo a servir el pescado.
Von Eisberg: "¿Es un único filet o está trozado? No quisiera romper el pescado al servirlo".
Miss Fiamma: "Son tres piezas".
Von Eisberg: "¿Y cómo están dispuestas? ¿Perpendicularmente o en paralelo?"
Miss Fiamma: "Están en sección áurea".



jueves 1 de octubre de 2009

10 consejos para una primera cita

Para nuestra adorable Regina

(encontré este guiso de malfattis inédito en el cajón del sastre del Castillo de la Bestia y como sé que te gusta hacer arqueología bloggera...)





¡Oh, la temible odisea! Ya sea que una haya llegado hasta aquí por la intervención celestina de algunos amigos que se hubieran complotado para urdir una infame cita a ciegas, ya sea porque una juntó el valor suficiente para acercarse y… en un supremo esfuerzo al borde del desmayo pedirle su número telefónico, ya sea por azar, por inconciencia, por insolencia, por desamparo y hasta por aburrimiento, no me van a negar que no hay nada más absolutamente paralizante que una primera cita.

Hasta el día de hoy, todavía me tiemblan las rodillas cuando tengo que enfrentar una situación de esta naturaleza.

Por ello, decidí compilar un pequeño decálogo, tal vez poco ortodoxo, de aquello que yo considero indispensable para causar una buena impresión en el primer encuentro, en la esperanza de poder ayudar a algún alma en desgracia.

Puede darse el caso (ejemplarmente, en una cita a ciegas) que una no conozca a la pobre ilusa que ha decidido aceptar nuestra gallarda invitación a tomar un café. También puede ser que ya ambas se hayan visto las caras, pero que no haya habido ningún o casi ningún diálogo previo.

Entonces, esta situación es crucial. ¿Cómo hacer para apabullar a esa belleza inigualable en la primera cita o, al menos, para no quedar como unas taradas sin remedio? No desesperéis. Aquí vamos:

1. Es indispensable estar presentables. Con esto no me refiero simplemente al consabido baño de inmersión semanal. Non, mesdames. Además de haber pasado por la esponja exfoliante al menos tres veces, hay que cepillarse bien los dientes, utilizar un efectivo enjuague bucal (una nunca sabe hasta dónde llegará esa primera cita), arreglarse el cabello de forma seductora (yo prefiero los peinados altos, con la nuca expuesta, particularmente si la cita es de noche), depilarse ab-so-lu-ta-men-te todo aquello que deba ser depilado (no soy adepta a los kiwis, sorry). En fin, bien limpitas y suavecitas (por los motivos ya expuestos).

2. El perfume. Esto es importantísimo. El perfume debe ser agradable y estar en el justo término medio. Es decir, ni tan suave que no se perciba, ni tan fuerte que deje una estela cual rocío de Lysoform. Idealmente, el perfume debe poder ser percibido por la otra persona a un metro de distancia.

3. La vestimenta. Bueno, aquí va en gustos. Yo opto por un ligero exceso de elegancia. Es preferible estar overdressed a parecer una rescatada de un naufragio.

4. Los zapatos. Por favor, nada de borcegos (¡horror supremo!). Sí unas lindas sandalias (si son de Manolo Blahnik, muero fulminada en el acto), o unos tacos altos, pero de buen gusto. Los dorados fluorescentes, las botas dominatrix con taco aguja de 25 cm. en imitación charol y los zuecos con plataforma de corcho están totalmente out. Ah, las medias, única y exclusivamente de seda.

5. Accesorios. Cartera, sí. Mochila de jean nevado con pines Rollingas, no. Reloj pulsera, sí. Reloj calculadora con cronómetro-sumergible-brújula-sacacorchos-y-malla-de-caucho, no. Aros, definitivamente sí (un par, digo, no un alfiletero en cada oreja). Anillos, ¿por qué no?, siempre y cuando sea en proporciones anatómicamente lógicas (es decir, 25 anillos en 10 dedos me parece too much).

6. Puntualidad. Ni tarde, ni temprano. A la hora señalada.

7. Cortesía. Saludar amablemente, sentarse a charlar y prestar realmente atención a la otra persona. Interesarse en la conversación. Hacerle preguntas que demuestren que sinceramente nos importa aquello que nos está contando y que queremos saber más (“¡Oh, eso es realmente fascinante! ¿Y cómo lograste descubrir que tu computadora tiene una bandeja para apoyar la taza de café?”).

8. La cuenta. Si las finanzas lo permiten, invitarla. De lo contrario, fifty-fifty está bien.

9. Caso 1: Se terminó la cita. ¡Sobreviví! Estuve limpita, elegante, puntual, cortés y encantadora. Para mejor, esta polera negra de cashmir me queda pintada. Lástima que la señorita en cuestión no haya logrado adicionar puntos a su favor. “Bueno ehhh (¿cómo se llamaba?), la pasé genial y me encantó conversar con vos. Te llamo mañana y nos encontramos. No, esperá. Mañana no puedo. Mejor te llamo el miércoles que viene y arreglamos para vernos después de Pascuas…” Rajemos por el foro…

10. Caso 2: Se terminó la cita y… creo que estoy enamorada. Ella es fascinante, inefable, es un sueño encarnado, es el ideal devenido tangible. Seguro piensa que soy una neurótica incurable. ¡Qué agonía! Si le pregunto si la puedo ver nuevamente va a pensar que estoy desesperada. Pero si no le pregunto va a pensar que no me interesa. Pero sí me interesa. Mejor le pregunto, entonces. ¿Y si me dice que no? ¿Podré superar su rechazo? Justo hace una semana recibí el alta en mi terapia lacaniana. Ergo, no más recetas de Clorazepam. Y volver a comer chocolate, ahora que me curé por fin el maldito acné… Bueno, podría empezar a fumar… pasto. “¿Te gustaría ir a un concierto de jazz el sábado?”, dice ella. “Bueno, está bien”, digo yo. Maaaasteeeeeeer…

miércoles 16 de septiembre de 2009

La falacia lésbica

La falacia lésbica indica que para ser hay que parecer. Es la falacia que en su momento estuvo fundada en una reivindicación social y en la igualdad de derechos, en la lucha contra la discriminación y a favor de la visibilidad. Pero es importante plantearnos si hoy en día todavía podemos seguir sosteniendo estos argumentos y salir a la calle envueltas en la bandera del orgullo, con un seno descubierto y el puño en alto, a la manera de una Marianne sáfica.

Es verdad que la discriminación sigue existiendo, pero de manera más moderada. No siempre la moderación viene de la mano del convencimiento. A veces la legislación toma la delantera y procura cambiar las percepciones individuales. Es el caso de muchos países donde el matrimonio entre personas del mismo sexo se ha legalizado, aunque todavía haya gente dispuesta a protestar contra este nuevo derecho.

Me parece oportuno hablar acerca de la discriminación interna. La fórmula no me parece feliz, porque de alguna manera denota una agrupación artificial. Sin embargo, no encuentro una mejor expresión para referirme a nuestro colectivo social. En reuniones con amigas hemos conversado en varias oportunidades acerca de nuestra forma de presentarnos ante el mundo. Es decir, el árido tema de la visibilidad. Ninguna de nosotras se ajusta al cánon de la lesbiana esperable. No por eso somos menos lesbianas. Si bien es cierto que vivimos nuestra sexualidad de las puertas para adentro, también es cierto que no nos ocultamos. Elegimos el lugar y momento propicios para salir del clóset. Son estrategias de supervivencia. Tal vez nuestra forma de pensar resulte chocante para las lesbianas militantes que debieron enfrentarse con el rechazo social hace algunas décadas. Nuestra generación ha aprendido a negociar y a utilizar los recursos propios con economía. En este caso, dicha economía está ligada al bienestar presente y futuro.

La tolerancia en estas cuestiones me parece imprescindible. Yo puedo entender y respetar la militancia dura, aunque no comulgue con ella. Espero el mismo trato de quienes han decidido tomar un rol de mayor exposición. No aceptaría nunca que se me juzgue por no parecer lesbiana, por llevar una vida tranquila, sin estar a cada instante dispuesta a la confrontación. Cada una de nosotras es lo que desea y puede ser.

La falacia lésbica necesita una urgente reformulación para dejar de ser una falacia. Si cambiamos el "parecer" por el "hacer" tendremos una idea más cabal de lo que realmente "somos". Mis acciones cotidianas buscan afirmarme como mujer y como lesbiana en el mundo que me es dado. Así, al someterme a una operación, escribí el nombre de Miss Fiamma en el formulario y aclaré que se trataba de mi pareja. Ergo, podía tomar cualquier decisión que le pareciera oportuna si yo quedaba tiesa en el quirófano. Pero no explicité la naturaleza de nuestro vínculo ante unos policías camineros en una ruta provincial. ¿Por qué? Porque inmolarse en pos de una causa no tiene sentido. Sí lo tiene, en cambio, trabajar diariamente para cambiar las cosas desde el lugar que nos haya tocado.

La responsabilidad que cada una de nosotras asuma en esto será parte del resultado final. Yo creo más en la estrategia del caracol que en la del ariete.

viernes 11 de septiembre de 2009

hoy

No, la verdad sea dicha. No te esperaba.
Te dejé escribiéndome por seis meses. Algunas de mis amigas habían intentado decir que la tal von Eisberg me arrastraba el ala. No les di ni tres segundos de crédito. Pero debí prestar oído al sueño profético de Paulita -Casandra: yo sería la novia de von E (que era rubia, bajita y tetona... pero eso es otro tema).
Te dejé escribiéndome en los más variados idiomas y me fui de viaje, hice amigas, saqué miles (literal) de fotos y volví con el alma adolorida y la seguridad de que sólo valía la pena seguir yéndome. Y no fue así. Porque no sabía qué me esperaba en Buenos Aires, porque no sabía que esa tierra que me había alojado, había sido también la tuya. Porque, en fin, ¿qué podía saber yo, que sólo tenía las evidencias de la vida cotidiana y unas pocas palabras verdaderas?
Creo que ninguna de las dos midió el alcance de lo que habíamos tramado juntas. Porque la trama es el texto, pero también es el tejido, la urdimbre de la vida. Una buena historia, tal como díajiste el domingo.
Esta noche vamos a festejar logros de ámbitos diversos, que sólo forman símbolo al unirlos.
Por cada día. Por la elección de cada día.



jueves 27 de agosto de 2009

Nos despojamos de nuestro anonimato

Por Miss Fiamma y Von Eisberg


(Diálogos en tiempo real)

Diálogo 1: Mrs. Unabomber

MF: Pero mirá qué linda que sos. Te hiciste peinadito alto.
VE: No, mi cielo. Estoy fofa. Este año no pienso aparecerme en la casa de las chicas en la playa. Ni loca me pongo una bikini. Las chicas son re-atléticas.
MF: Yo voy en jogging.
VE: ¿A la playa?
MF: No, no salgo.
VE: ¿De dónde no salís? ¿De adentro del jogging?

Diálogo 2: Mrs. Stick-it-or-lick-it

MF: ¿Te mostré lo que me compré? (sosteniendo un paquetito de Post-It, son multicolores, largos y finitos, ideales para marcar las páginas de los libros)
VE: Sí, me los habías mostrado.
MF: ¿Querés que los comparta con vos?
VE: ¿Y dónde me los pego?
MF: Qué se yo. En una teta.
VE: ¿Pero ese papelito se queda pegado en un pezón? Viste que los pezones son medio teflonados (sic).
MF: No sé. No tengo experiencia (SIC!!!!).

Este verano, será fácil reconocernos en la playa. Miss Fiamma estará cómodamente sentada en una reposera, disfrutando la brisa del mar y "adentro" de su jogging. Von Eisberg, con balde y palita en mano, construirá castillos en la arena ataviada con sendos Post-It fluorescentes adheridos a sus tetas.